Qué hacer cuando nuestras emociones nos dicen algo y no las entendemos

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Publicado el 21 marzo, 2017

“La persona inteligente emocionalmente tiene habilidades en cuatro áreas: identificar emociones, usar emociones, entender emociones y regular emociones.”-John Mayer.

Qué hacer cuando nuestras emociones nos dicen algo y no las entendemos

Las emociones son aquellas reacciones que se producen en nuestro cuerpo, nuestra mente, producido por un estímulo externo o de nuestra propia imaginación. Si nos encontramos frente a un león o un peligro real, el miedo producirá una secuencia de reacciones físicas produciendo adrenalina y cortisol (hormonas del estrés), que prepararan nuestro cuerpo para correr o para luchar. Las emociones son las reacciones que solemos tener ante lo que nos pasa, mientras que los sentimientos suelen ser las interpretaciones de eso que nos pasa.  Es por ello que podemos gritar a un perro y enfadarnos con él, y cuándo regresemos a casa por la tarde él nos recibe con la misma alegría de siempre. Se comportará sin tener en cuenta el grito que le dimos por la mañana y sin ningún tipo de resentimiento, ya que el perro solo puede captar las emociones básicas, sin poder procesarlas y analizarlas cómo hacemos las personas.

Los seres humanos no sólo reaccionamos a lo que nos pasa. Si alguien nos ofende y nos provoca ira, rechazo o cualquier otro tipo de emoción solemos interpretar más allá de la emoción pensando en que nos dijo esto y lo otro. Ese sentimiento es el que nos hace actuar de una o de otra manera.

Por ello, el modo en que podemos aprender a interpretar nuestras emociones va a decidir cómo nos comportamos o cómo reaccionamos ante las emociones básicas.

Existen muchos modelos que describen las emociones fundamentales: ira, tristeza, miedo  y alegría.  En las últimas clasificaciones se ven incluidas emociones como el asco y el asombro.

¿Qué nos dicen cada una de estas emociones?

La ira nos avisa de que debemos superar un obstáculo o un peligro, por lo que muchas veces es saludable poderle comunicar al otro de manera asertiva el motivo por el que estamos enfadados. Puede ser un aviso de que algo nos está haciendo daño o que está atentando con nuestros límites personales. La tristeza nos avisa de que estamos bajo una sensación de pérdida que nos quita energía y nos obliga a elaborar o analizar la posibilidad de dejar ir algo o a alguien. El miedo nos puede alertar de algún peligro real o imaginario para el que debemos protegernos, siempre que no sea excesivo y nos pueda paralizar. La alegría puede ser esa energía necesaria para emprender proyectos, para socializarnos y, sobre todo, poder ser esa dosis de sal que requiere la vida para que sepa bien.

Por otro lado, el asombro es esa capacidad que tienen los niños para descubrir cosas nuevas, y que cuando somos adultos vamos perdiendo, aunque debiéramos rescatar cómo emoción contra la rutina y lo conocido. El asco puede ser una emoción protectora ante situaciones o comidas que pudieran ser dañinas para nuestra salud.

¿Qué sucede cuando no entendemos nuestras emociones?

En la mayoría de las ocasiones, muchas de estas emociones se producen de forma simultánea y de manera automática, y no siempre las podemos detectar ya que estamos entregados de lleno a la cotidianidad, al trabajo, al estudio, al llegar puntual a una cita, a preparar un informe, lo que nos desconecta momentáneamente de nuestras emociones.

Posteriormente, en cualquier momento de tranquilidad que tenemos nos podemos empezar a sentir enfadados, tristes o intranquilos por algo que no entendemos bien, y es que cualquiera de estas emociones sobre las que hablamos anteriormente entraron sigilosas por la puerta de atrás de nuestra mente y nos están dando una información que aún no hemos reconocido.

¿Por qué después de salir de una cena familiar, dónde no pasó nada extraordinario, me siento tan mal? O, ¿Por qué, si pasé toda la tarde en el cine o caminando con mi pareja, tengo está sensación de tristeza? Sucede muchas veces que nuestras emociones van a responder a preocupaciones e interpretaciones que hacemos de la realidad, y sobre todo aquellos conflictos que no hemos resuelto y que se manifiestan de forma indirecta en nuestra vida.

Por ejemplo, una paciente nos contaba que el domingo salió a montar en bicicleta con su pareja después de haber hecho el amor tranquilamente en su casa. Sin embargo, al regreso se sentía muy agotada y cansada, aparentemente por el esfuerzo físico. Sin embargo, durante el paseo en bicicleta su pareja le dijo que no montaría más con ella en bicicleta porque se paraba mucho en el camino y no le permitía pedalear a su ritmo. En este momento, el descalificativo de su pareja provoca un sentimiento de tristeza inconsciente que repercute en su autoestima y en su energía vital, lo que no siempre es observado por la persona.  De ahí su cansancio más existencial que físico.

El trabajo de conocimiento y autoconciencia de nuestras emociones nos permitirá no estar al servicio de ellas sino gobernarlas y administrarlas para el beneficio de nuestro propio comportamiento. Las emociones son como el móvil, y nosotros somos quien lo manejamos. Pueden facilitarnos y ampliar nuestra comunicación personal y social, si lo hacemos de manera racional y prudente.

Un comportamiento con tendencia a la madurez va a implicar cierto equilibrio entre emociones y razón, porque una vida basada solo en la razón es monótona y aburrida, pero una vida dirigida por las emociones puede conducirnos a un infantilismo crónico que nos convierte en niños adultos que no saben lo que quieren y que no pueden crecer.

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Qué hacer cuando nuestras emociones nos dicen algo y no las entendemos
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Se describen los distintos tipos de emociones y cómo pueden actuar de manera automática en el comportamiento de las personas.
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Psicodis: Orientación y Apoyo

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